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SOledad2

Estudiar una Maestría en Reino Unido fue el sueño de toda mi vida. La clave es tener en mente un plan y trabajar por él. Cada trámite era un peldaño. Estudiar el idioma, dar las pruebas de certificación, la entrevista para entrar a la U, pruebas psicológicas, test médicos, aplicación para la visa, etc. Sobre todas estas vueltas ofrezco mi guía y mi consejo. Ya pasé por ahí, la tengo clara y se que puedo, de buena voluntad, ayudar a nuevos becarios y aplicantes.

Más allá de eso, quería mencionar una preparación personal, interna, que casi no consta por escrito. La educación que no te da la academia. Esa de ser amable en todo momento y en todo lugar. A pesar del cansancio o la adversidad. La actitud abierta a encontrar cosas inesperadas. Que la comida, el clima, los rostros y los sonidos sean recibidos en modo de aprendizaje y no de rechazo. Que estemos con las manos abiertas para recibir y así el golpe cultural no sea tan abrupto.

Yo acepto que las primeras semanas uno se enferma, extraña y hasta llora. Pero uno debe ser muy valiente y dar lo mejor.

Estudiar fuera es, aunque suene trillado, ser embajador de un país. En mi clase de 200 personas soy la única ecuatoriana. La primera referencia que mis compañeros reciben de Quito. Les muestro mi bandera, les hablo en español y atraigo su atención. Mi identidad es lo más importante que llevo puesto.

Soy la primera latina en la historia de mi programa de Master. Mis profesores se maravillan de escuchar mis historias del país de la canela, de las tortugas gigantes y los volcanes activos. Somos todos bellos porque somos diferentes. Mi amiga de Asia me cuenta de la empresa de su padre, me muestra su bolso nuevo y me habla de la economía en su país.

Ella viene a clases en un Mercedes Benz y yo llego a pie. Yo nunca compararía un bolso Louis Vuitton pienso, pero somos amigas porque nos sonreímos y compartimos lecturas. Yo tomo café Lojano y ella té verde. Hemos llegado a coincidir no sólo en el aula sino en nuestro concepto de respeto al otro. En aprender del “extraño” sin pre juzgarlo.

Tengo mucho que compartir. En la maleta no traje sólo ropa y libros. Traje 14 lenguas ancestrales, bombas, albazos y un yaraví. Me traje 4 regiones y 24 provincias con todos sus colores. Mi patrimonio es mi riqueza.

Estudio Gestión del Patrimonio Cultural en la Universidad de Sheffield. Estoy aprendiendo mucho sobre marcos y teorías que luego quiero aplicar en Sudamérica.

La universidad es maravillosa, pero lo mejor es la gente con la que comparto mi tiempo. Los amigos son la familia que uno escoge. Para sentirnos unidos compartimos las fechas importantes. Hasta ahora hemos preparado juntos fritada, colada morada y fanesca. Estar unidos es el mejor remedio contra la nostalgia o “homesickness”

Estoy emocionada porque en el mes de mayo seré parte de una exhibición fotográfica sobre la comunidad hispanohablante en Sheffield. Usaré un anaco, alpargatas y huashcas que compré en Otavalo. La exposición se inaugurará en el jardín cubierto más bonito de Sheffield: The Winter Garden. Ya les contaré mi experiencia y si requieren mi ayuda por favor no duden en escribirme: solebassante@gmail.com

Este es un espacio de opinión, los autores son responsables de las ideas vertidas en estos artículos

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