La soberanía de los países, independientemente de su tamaño, tiene y debe ser respetada de acuerdo como lo contemplan las convenciones y acuerdos internacionales y, bajo ningún punto de vista, puede ser violada o mancillada y en este sentido, deberíamos estar plenamente orgullosos los ecuatorianos de que nuestro presidente haya demostrado al mundo la inviolabilidad y respeto a nuestra soberanía y a nuestro territorio. LB