Solo la Revolución Ciudadana podía lograr resucitar al tren, que estaba olvidado entre la impotencia y la desidia. ¡Gracias Presidente, gracias Jorge Eduardo! El tren recuperado unió tres generaciones: Mi padre, ferroviario jubilado, a mí, que crecí junto a la vieja estación del tren en Azogues, y a mi hijo, a quien le enseñé la nostalgia del pasado. Juntos pudimos viajar por la rutas del tren, esas rutas que nos transportan en el tiempo y nos despiertan con la alegría de haber nacido y vivir en Ecuador.

Una sencilla sugerencia: sería enriquecedor recuperar también la memoria colectiva del tren de antaño, expresado en los recuerdos y anécdotas de los ferroviarios jubilados, en una recopilación impresa de sus vivencias ferroviarias. Ellos siguen siendo parte vital de la historia del ferrocarril ecuatoriano.